BITACORA
Tuesday, December 21, 2010
Por Rafael Prieto Zartha
Durante más de una década, el senador por Illinois, Richard Durbin, ha batallado con denuedo para lograr la legalización de los estudiantes indocumentados sin que sus colegas del Capitolio le hayan cumplido el anhelo de darle estatus migratorio a los jóvenes soñadores.
Este pasado sábado 18 de diciembre, otra vez las ilusiones de más de dos millones de muchachos y muchachas fueron despedazadas en el Senado en Washington al no lograrse los 60 votos para que el Dream Act pudiera seguir el camino de convertirse en ley.
La votación de 41 en contra y 55 a favor develó nuevamente el poco peso que tiene la comunidad hispana en el ámbito nacional para influir en las decisiones que toman los políticos en la capital del país.
Pese al crecimiento de ciudadanos latinos con capacidad de votar en todos los puntos de la geografía estadounidense, es claro que no nos tienen ni miedo, ni respeto.
La transmisión por televisión de la votación estuvo acompañada por un ambiente de suspenso con final fatal.
De la sesión quedó para la historia elogiar el coraje de los tres republicanos, que cruzaron la línea partidista y votaron a favor de continuar la moción de procedimiento.
Para condenar estuvo la actitud de los cinco demócratas que sufragaron en contra. Si simplemente hubieran dado el sí, el Dream Act habría sido una realidad, el presidente Barack Obama habría cumplido una porción de su promesa, y no hubiera quedado la impresión de que es un mandatario débil que no logra alinear a sus copartidarios a la agenda que se trazó como candidato.
El voto negativo que me causó más escozor fue de la senadora demócrata por Carolina del Norte, Kay Hagan, porque sufragué por ella en noviembre de 2008 y ayudé a su elección.
Para repudiar también estuvo la flaqueza de los cuatro senadores que no votaron y contribuyeron al hundimiento del proyecto.
En el momento en que se veía por televisión el anuncio desde Washington del rechazo al Dream Act, en Charlotte, la ciudad donde vivo, se desgajó una lluvia de gruesos copos de nieve y mi colega Patricia Ortiz, del periódico Mi Gente, escribió inmediatamente en Facebook : “el cielo está llorando”.
Las lágrimas también salían de los ojos de las estudiantes que esperaron la votación en Phoenix y Los Angeles y cuyos rostros de desencanto transmitió la cadena Telemundo.
El periodista Carlos Botifoll entrevistó a algunas de las jóvenes, que con las caras desencajadas, respondieron con firmeza que la lucha por lograr sus sueños continuará.
L a ilusión para ellas había sido inmensa pocos días atrás cuando la Cámara de Representantes aprobó la medida en instancia preliminar el pasado 8 de diciembre con 216 votos a favor y 198 en contra.
Pero ahora, con la horrenda realidad enrostrada, lo único que queda para esas chicas y esos muchachos que lograron la realización de millares de llamadas al Senado es organizar el movimiento de derechos civiles de los hispanos, mediante la red que ya han tejido de activistas a lo largo y ancho del país.
Ese movimiento tiene que marcarse el difícil objetivo de parar las deportaciones y eventualmente alcanzar una reforma migratoria integral, que no solo resuelva el problema de los jóvenes, sino la ilegalidad de sus padres, de los profesionales, de los empresarios, de los obreros y de los campesinos, que carecen de un estatus migratorio.
En estos tiempos revueltos hay que recuperar los años perdidos, repudiar y castigar democráticamente a los legisladores traidores e intolerantes y premiar quienes fueron solidarios.
Thursday, December 9, 2010
Por Rafael Prieto Zartha
Los antiinmigrantes frecuentemente acuden a un patriotismo espurio para justificar su posición recalcitrante de repudio contra los indocumentados que se han afincado en el país.
Una referencia común es la sección cuarta del artículo cuarto de la Constitución: “Los Estados Unidos deben garantizar a cada estado de la unión una forma republicana de gobierno y proteger a cada uno de cualquier invasión”.
Esta visión fue esgrimida en 1994 por el ex gobernador de California, Pete Wilson, para sustentar sus reclamos contra el gobierno federal y promover la Proposición 187, que planteaba negarle a los inmigrantes indocumentados servicios sociales, servicios médicos y educación pública.
El cuento de la “invasión” aparece repetido en el variopinto abanico de portales de internet. Desde los más moderados hasta los más extremistas machacan la palabra invasión.
La abrumadora mayoría ignora cómo se dio el incremento de la población indocumentada después de que la ley de amnistía de 1986 legalizó a tres millones de inmigrantes clandestinos.
Paradójicamente, una de las narraciones más claras la hizo precisamente Mark Krikorian, director ejecutivo del restriccionista Centro de Estudios de Inmigración (CIS), productor por antonomasia de los reportes más implacables contra la inmigración “ilegal”.
El 15 de junio de 2000, durante una presentación ante el Subcomité de Inmigración y Quejas de la Cámara de Representantes, Krikorian contó:
“Cuando el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) llevó a cabo redadas durante la cosecha de cebolla Vidalia en 1998, el modesto numero de ilegales que logró detener fue eclipsado por los miles de ilegales que huyeron de los campos para evitar ser arrestados. En cuestión de horas, los empleadores y los políticos locales expresaron su disgusto, y para el fin de semana los dos senadores de Georgia y tres representantes (a la Cámara) enviaron una carta al fiscal general y a los secretarios de Trabajo y Agricultura criticando ferozmente la acción del INS por su ‘falta de consideración con los rancheros’”.
Durante esa primavera en Georgia, el director de distrito local de Inmigración suspendió totalmente las redadas, a petición de los cultivadores de cebolla, hasta que la cosecha fue recogida completamente.
Esa anécdota refleja la verdadera historia de la “invasión”, que se realizó con la connivencia de empleadores, políticos y autoridades gubernamentales, que favorecieron intereses económicos antes que respetar la ley.
Los 11 millones de indocumentados no aparecieron por arte de magia en Estados Unidos, ni la responsabilidad de su tan denunciada ilegalidad es enteramente suya.
No obstante, sería negligente desconocer que entre los millones de trabajadores inmigrantes honestos que se han radicado en Estados Unidos, no se han colado miles de manzanas podridas.
Al país han llegado bandidos con prontuarios registrados en las fichas penales de sus países, así como gente que aparece en la red virtual con nombres y apellidos completos por haber cometido fechorías.
Durante mis días de trabajo de reportero entrevisté a un centroamericano recién llegado que me contó que algunos criminales que él conoció se vinieron para Estados Unidos después de cometer delitos graves, para escabullirse de la justicia.
Un ex suegro mío, de origen sudamericano, que trabajó en el sistema penal de su país, llegó un día pálido a la casa, porque se topó en un restaurante de Nueva Jersey con varios de los reos más peligrosos que había visto en la cárcel.
Pero a Estados Unidos no solo han arribado los delincuentes comunes, también han aparecido los malandrines de cuello blanco: los políticos corruptos, los banqueros inescrupulosos y los militares abusadores.
Independientemente de la existencia de ese grupúsculo odioso, la campaña montada por los antiinmigrantes con el argumento de la “invasión” ha sido injusta y sus generalizaciones sobre los indocumentados inicua.
Infortunadamente, tal parece que para los inmigrantes honrados que ya desgastaron sus órganos vitales trabajando en este país, no habrá una segunda oportunidad en esta tierra.
Wednesday, December 1, 2010
La predicción de Jorge Ramos
Por Rafael Prieto Zartha
Durante la semana de Acción de Gracias me fui para ese cosmos único de la comunidad hispana de Estados Unidos que es Miami, una ciudad donde tuve la ventura de vivir y disfrutar cada instante durante siete años.
Llegando allí me estrellé nuevamente con ese mar azul precioso e interminable que exorciza los agravios y las intimidaciones irresponsables de quienes no comparten los conceptos que uno expresa públicamente, aún teniendo uno las evidencias por delante.
La ciudad con su calidez lanza señales mágicas de optimismo a través de las palmeras, las lagartijas, las casas pintadas de tonos de color pastel, los tejados de barro y las ocasionales glorietas y aceras adoquinadas.
Miami también invita inevitablemente a refugiarse en lo más cercano a los propios orígenes, a una epidermis tersa y compatriota que cante las baladas románticas que transmiten sin descanso las emisoras en el imperio del sol.
Además, está el murmullo abrumador de los acentos de cubanos, colombianos, venezolanos, argentinos, peruanos y nicaragüenses que hablan fuerte, sin complejos.
Antes del “día del pavo” los latinos atiborraron los supermercados y el viernes negro repitieron la acción en lugares como el Best Buy de El Doral, como si este país, jamás hubiera vivido una crisis económica recientemente. Todos jugaban con los “gadgets” ofertados, como niños con chupeta nueva.
Nadie pensaba esos días en recesión de dinero en la tierra del recién electo senador republicano Marco Rubio. Ante tal incongruencia me fui a encontrar con Jorge Ramos, el conductor del Noticiero Univision, para aterrizar y volver a la cruda realidad.
“Creo vamos a estar viviendo una de las peores épocas para los inmigrantes en la historia moderna de este país, porque no va a haber reforma migratoria, va a seguir aumentando el número de indocumentados, va a haber cada vez más leyes antiinmigrantes, van a seguir culpando a los indocumentados de crímenes y de la crisis económica. Y lo que vamos a vivir va a ser una verdadera pesadilla para los indocumentados”, me dijo Ramos, aseverando que los dos años próximos van a ser terribles.
El periodista tiene razón, mi conclusión es que hemos quedado bajo el imperio de los más intolerantes, de los hombres de cromañón, de los trogloditas, que ganaron la partida y no basta llorar. Los amotinados del té, los antiinmigrantes no pueden tener la razón, ni imponerla.
“La cuestión migratoria se ha convertido en la nueva lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Este país se fundó bajo el principio de que todos somos iguales y actualmente en Estados Unidos no todos somos iguales. Hay 11 millones de personas que son tratadas como inferiores, que son discriminadas, que son perseguidas. Eso hay que denunciarlo día a día. Y pelearlo día a día”, agregó Ramos.
Se viene una pesadilla, pero también el desafío de confrontar las injusticias y los amagos de constreñir los derechos con restricciones inaceptables. Se tiene que responder con las armas de los hombres libres que desarrollan acciones pacíficas. Con las actitudes de Gandhi, de Martin Luther King y Cesar Chávez.
A los inmigrantes están a punto de despojarlos de todo. Lo único que no pueden perder ellos, ni los que los apoyamos, es la dignidad. No debemos permitirlo.
Friday, November 26, 2010
La mentira
Por Rafael Prieto Zartha
Yo era apenas un adolescente imberbe cuando del televisor en blanco y negro salían las notas de una canción mexicana que impactaba a Colombia, con el sello inigualable de la pubertad de las telenovelas mexicanas.
La composición, que hacía las veces del tema de la telenovela La Mentira, era del célebre compositor mexicano Álvaro Carrillo, con una letra apasionante y la voz, si no me equivoco, de Javier Solís:
“Se te olvida que me quieres a pesar de lo que dices pues llevamos en el alma cicatrices Imposibles de borrar. Se te olvida que hasta puedo hacerte mal si me decido pues tu amor lo tengo muy comprometido, pero a fuerzas no será. Y hoy resulta que no soy de la estatura de tu vida y al dejarme casi, casi, se te olvida que hay un pacto entre los dos. Por mi parte te devuelvo tu promesa de adorarme, ni siquiera sientas pena por dejarme, que ese pacto no es con Dios”.
Habría sido esencial que el liderazgo demócrata hubiera vivido mi experiencia con la telenovelística mexicana y su música para entender la insatisfacción de sectores de la comunidad hispana con sus acciones, que hasta ahora han dado al traste con cualquier solución para un problema evidente y solucionable.
Cómo le hubiera sentado de bien a la casi ex presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, entender que era preferible haberse jugado su puesto y los de su bancada por los votantes latinos, que darle gusto a los perros azules, los conservadores demócratas, a los que pertenece el ex futbolista Heath Shuler, el antiinmigrante por excelencia del Partido Demócrata.
Aparte de sus declaraciones de supuesta solidaridad, Pelosi nunca movió realmente un pelo para impulsar la reforma migratoria.
Todo fueron palmaditas en la espalda, como las que recibimos durante dos años de la actual administración presidencial, sin una acción concreta.
Ahora que el Partido Demócrata perdió el control de la Cámara de Representantes, que la mayoría demócrata no es absoluta en el Senado, Pelosi ha dicho que quiere impulsar la legalización de los estudiantes indocumentados.
El líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, a quien los latinos de Nevada le salvaron las barbas en los comicios del 2 de noviembre, ha reiterado que volverá a presentar el proyecto del Dream Act, en la sesión corta de fin de año.
Tarde están moviendo los líderes demócratas el asunto para congraciarse con la comunidad latina, a la que con su indiferencia dejaron al garete de la incertidumbre y a uno de sus sectores más amplios al borde del abismo de la deportación.
Nuevamente tenemos que apostarle al milagro de que por fin en Washington los políticos hagan algo por la población más vulnerable que habita el país.
Y nuevamente los votantes latinos deben tener en cuenta la posición del senador republicano por Texas John Cornyn, quien ya anunció oposición a la legalización de los jóvenes soñadores.
Cornyn ha sido un político que de dientes para afuera ha expresado favorecer a la comunidad hispana y en alguna ocasión se pronunció a favor de una reforma migratoria integral, pero la verdad es que es un individuo que en ese tema ha actuado tan falsamente como una moneda de tres dólares.
Pertenece al mundo del embuste y lo terrible es que haya quienes coman sus cuentos.
A él y a otros legisladores de ambos partidos les caería como anillo al dedo eso que aparece en el Libro de Juan: “Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira”.
Friday, November 19, 2010
El lúgubre destino de las ratas
Por Rafael Prieto Zartha
Para los que creen que la actitud contra los indocumentados carece de tintes de profundo desprecio, en estos días el representante republicano a la Cámara estatal de Tenesí, Curry Todd, espetó una perla imborrable.
Todd comparó a los padres inmigrantes con ratas. Dijo exactamente: “pueden multiplicarse como ratas”, durante una sesión de un comité fiscal en la que se discutían los costos de atención prenatal para los futuros ciudadanos estadounidenses.
Infortunadamente esa es la visión de algunos políticos sobre esa masa de gente que carece de estatus migratorio a la que poco falta para que se le coloque el mote de desechable.
Hace dos años en Charlotte, Carolina del Norte, el comisionado republicano Bill James comparó a los indocumentados con “prostitutas y vendedores de drogas”, en el marco de una discusión sobre si los indocumentados pagan impuestos o no.
En esa ocasión fueron muy pocos los que levantaron su voz de protesta contra esa impertinencia y presiento que la defensa de la población inmigrante se irá esfumando con el tiempo. Me temo que la andanada de ataques va a ser imparable en el futuro inmediato.
Quienes creen que la postura de algunos políticos no contiene dosis de racismo contra los inmigrantes sin papeles está la versión “mejorada” de la ley SB 1070 de Arizona que propone el representante republicano estatal de la Florida, William Snyder, para su estado.
El articulado de su proyecto excluye de ser criminalizados a los canadienses y a los portadores pasaportes de países a los que no se exige que sus ciudadanos tramiten visas.
La lista de países es muy diciente: Alemania, Andorra, Australia, Bélgica, Republica Checa, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Inglaterra, Islandia, Irlanda, Italia, Letonia, Liechtenstenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Mónaco, Nueva Zelanda, Noruega, San Marino, Suecia y Suiza, que claramente son naciones donde prevalece la raza blanca. De Asia figuran en el inventario Corea del Sur, Japón, Singapur y el sultanato de Brunei.
Los ciudadanos de España y Portugal están cobijados por el beneficio de exclusión de visa.
Dos países de Sudamérica que contaban con esa preferencia fueron sacados del programa, que permitía que sus nacionales ingresaran a Estados Unidos con solo presentar el pasaporte, sin tener que pasar por una evaluación detallada de funcionarios consulares: Argentina en 2002 y Uruguay en 2003.
Así que la versión floridana de la ley de Arizona tendrá como objetivo “a los de poncho”: mexicanos, centroamericanos, sudamericanos y caribeños.
El proyecto de Snyder se discutirá en el marco de una Legislatura en la que hay 28 senadores estatales republicanos contra 12 demócratas y 81 representantes estatales republicanos contra 39 demócratas, y un gobernador republicano.
Los resultados de las elecciones del 2 de noviembre anticipan que versiones “mejoradas” de la ley de Arizona puede multiplicarse a estados donde algunos políticos habían expresado interés por imponerla y las dos cámaras quedaron en control republicano con una ventaja significativa de integrantes.
Esto ocurrió en Alabama, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Idaho, Indiana, Michigan, Minnesota, Misuri, Ohio, Oklahoma, Pensilvania, Tenesí, Texas y Utah.
Nuevamente quiero reiterar lo que es mi posición en el asunto migratorio: Estados Unidos no tiene porque recibir a todos los pobres del mundo y tiene el derecho como nación soberana de establecer las regulaciones que considere apropiadas.
Abogo por los 11 millones de indocumentados porque tanto los políticos, como los empresarios, como los mismos inmigrantes se hicieron los de la vista gorda y le hicieron trampa a la ley de amnistía de 1986 para su propia conveniencia.
El problema migratorio podría haberse resuelto políticamente, descartando el apego a la “legalidad”, porque lo que hizo Hitler y lo que hace Hugo Chávez tiene el amparo de la “legalidad”.
No creo que todos los demócratas estén libres de culpa de la Apocalipsis que estaremos viviendo en materia migratoria.
Pero eso sí, pueden estar seguros que actuaré con las teclas de mi computadora cuando a los indocumentados les comparen irresponsablemente con ratas, prostitutas o narcotraficantes.
Wednesday, November 10, 2010
Triunfaron los demonios
Por Rafael Prieto Zartha
Después de la tunda horrible que los republicanos le propinaron a los demócratas en las elecciones de medio término del pasado martes 2 de noviembre, me he quedado grogui. La perspectiva de que no habrá reforma migratoria y 11 millones de personas pasarán inexorablemente del actual limbo a la vereda de la deportación me carcome los huesos.
Yo, el optimista sin remedio, me he quedado desolado al reconocer que la ley de inmigración integral se esfumó y que lo mismo pasará con el sueño de la legalización de los estudiantes indocumentados. Me he quedado devastado al ver claramente con mis ojos cansados que no hay ningún rayo de luz al final del túnel.
Lo que habría podido ser una situación plena de parabienes en el umbral de la cosecha, con mayoría demócrata en las dos cámaras y un presidente amarrado por promesas que no cumplió, se pudrió.
El panorama es el infierno, pletórico de sanguijuelas y sabandijas. Finalmente, triunfó el mal sobre el bien. Así pasa cuando el pueblo traga entero y el responsable es él mismo, que no entiende, ni quiere entender las consecuencias, ni mucho menos avizorar el luctuoso futuro.
Esos que hipócritamente se acicalaron como patriotas, vistieron coloridos trajes independentistas, acomodaron en sus cabezas pelucas del estilo de los setenta del siglo XVIII, esos que se apropiaron del título de amotinados del té: ganaron.
Lo peor es que los votantes dejaron que ingresaran en sus hogares con su indumentaria de mansas ovejas y no les importó que lanzaran veneno por sus bocas pútridas. No les importó que dijeran mentiras. No les importó que inventaran verdades a medias. No les importó su oscura relación con el racismo y el odio. No les importó que volvieran añicos la transparencia. No les importó su inestabilidad e irresponsabilidad política.
Los electores justificaron todas las explicaciones de los satanes que demonizaron a los más inermes, a los indefendibles, a los acusados de la ilegalidad, a los convidados de piedra, a esos atados a múltiples falencias innegables, a los esposados por todas las desventajas.
El fantasma de la ley SB 1070 de Arizona multiplicada en varios estados se avecina como realidad, así como el torrente de medidas federales, estatales y locales contra los inmigrantes que viven en las sombras.
No obstante, los comicios dejaron como legado que el corazón prístino de los hispanos salvó al Partido Demócrata de la debacle total en California, Nevada y otros puntos del país.
En el condado de Mecklenburg, donde yo estoy radicado, en Carolina del Norte, seguramente el desglose de la votación arrojará que el sufragio latino contribuyó a que la Junta de Comisionados, el organismo local más poderoso, no cayera en manos de los antiinmigrantes más cerreros.
Lo que apena, lo que aflige, lo que acongoja, lo que abate es el porvenir magro, prodigo de lacerantes espinas y pedruscos afilados.
Aún así, mi ilusión la proyectó en Atlanta, Jerry González, secretario ejecutivo de la Asociación de Funcionarios Latinos Electos de Georgia (GALEO), teniendo como testigo a la periodista de CNN, Inés Ferré, durante un encuentro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ).
González anticipó, que dadas las terribles circunstancias actuales, brotará un movimiento histórico y valeroso de derechos civiles de los latinos, que eventualmente le dará vuelta a la tortilla. Estoy seguro, en mi abrumador desconsuelo, que su profecía encarna un largo y escabroso trecho de sufrimiento y paciencia, pero que también es viable. Como me dijo en un día iluminado, una venerable mujer con su infinita sapienza: ¡Estamos vivos!
Thursday, November 4, 2010
Somos mansos, pero no mensos
Por Rafael Prieto Zartha
Independientemente de los resultados de las elecciones de este martes 2 de noviembre, la vida para los 11 millones de indocumentados que están radicados en el país continuará marcada por incertidumbre y dolor.
Las autoridades de inmigración proseguirán su tarea de expulsar del país a casi medio millón de inmigrantes al año y los programas de deportaciones 287g y Comunidades Seguras seguirán en pie.
Los antiinmigrantes insistirán en que el cáncer que es la ley SB1070 de Arizona haga metástasis en otros estados y abogarán para que se abrogue la Enmienda 14 de la Constitución, con el objetivo de negarle la ciudadanía a los hijos de los indocumentados.
Habrá quienes se refieran a la necesidad de una reforma migratoria integral, ya bien porque lo creen honestamente, por demagogia o por congraciarse con la comunidad hispana.
La administración del presidente Barack Obama, con menos respaldo en el Capitolio, reiterará que favorece la reforma, pero que necesita votos republicanos.
Los republicanos contestarán con dos voces, unos dirán que Obama no ha hecho lo suficiente para lograr la reforma y los otros ratificarán: ¡Amnistía, nunca!
Este panorama gris sobre el tema migratorio fue el que se vislumbró durante una conferencia regional de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), que se realizó en Atlanta, antes de los comicios de medio término.
Durante una discusión titulada el Poder del Voto Latino, el representante estatal de Texas, Pete Gallego, soltó una frase palmaria sobre la respuesta que los hispanos deben dar a la indiferencia con la que están siendo tratados por los políticos: “somos mansos, pero no mensos”.
La verdad es que como la comunidad latina es mansa los políticos la tratan como mensa.
Por eso la reforma migratoria no se aprobó en 2007, por eso ya están a punto de pasar dos años de gobierno de Obama y el asunto quedó en nada.
Durante la misma sesión sobre el voto latino, Jerry González, secretario ejecutivo de la Asociación de Funcionarios Latinos Electos de Georgia (GALEO), anticipó que lo que se viene, sin haber reforma, es el desarrollo de un movimiento nacional de derechos civiles de los hispanos.
González pintó a la comunidad inmigrante como una población desvalida y a una comunidad hispana establecida que tiene que hacer valer sus derechos, como lo hicieron los afroamericanos en la década de los sesenta.
Ojalá ese movimiento se constituya y sin miedo cree una atmósfera propicia para resolver el problema migratorio y a la comunidad latina se le respete en todos los ámbitos.
Se trataría de trocar el dicho del representante Gallego y transformarlo en: “no somos mansos, ni mensos”.
Sobre el papel de los medios de comunicación, Juan Carlos López, corresponsal de CNN en Washington, invitó a los periodistas a no tragar entero respecto a las cifras que ofrecen los portavoces oficiales o cómo y quién elabora leyes como la de Arizona.
López cuestionó la forma como el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) presentan las cifras de indocumentados a los que clasifican como criminales.
Igualmente, recordó que la SB 1070 de Arizona fue escrita fuera de ese estado por grupos que están en contra de los inmigrantes.
Mejor dicho, que los periodistas tampoco podemos ser “ni mansos, ni mensos”.